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SENCILLEZ.



“Cuando el equilibrio, está presente la naturaleza fluye con naturalidad, entonces la sencillez, la soltura y la armonía se hacen presentes”.   -Centro TERMAVI®-

A nada que nos paremos un poco en nuestras vidas, y levantemos la vista a nuestro alrededor podemos ver la luminosidad de la vida.

El equilibrio existe a nuestro alrededor,  en su esencia primaria.

Vemos a un niño recién nacido, y en él solo existen paz y tranquilidad (de forma aparente), vemos a los animales en libertad y observamos la misma paz y tranquilidad (aparentes), las plantas con su esplendor y quietud, nos demuestran la misma paz y quietud (aparentes).

¿Por qué “aparentes”?. Pues, porque todos los seres vivos, tenemos la misma naturaleza que nos une a la vida y es esa alarma la que nos indica cuando estamos en equilibrio o cuando nos atenaza un peligro, cuándo podemos relajarnos o cuando debemos salir corriendo.

“El equilibrio existe en sí mismo, por que él en sí mismo se hace fuerte”.  -Centro TERMAVI®-

Nuestra sociedad de consumo,  la rivalidad, la superación, el medirnos mutua y constantemente hacen que tengamos un alto nivel de incomodidad propia. Incomodidad, que se hace intolerancia y que vamos forjando poco a poco, y que paulatinamente vamos inculcándonos, haciendo que sea algo natural en nuestro organismo.

Esas incomodidades y tensiones, hacen que nuestro cuerpo y nuestro organismo se tensen, que poco a poco se vaya agarrotando y que poco a poco vayamos generando en nosotros mismos más tensiones y por lo tanto más incomodidad.

Las filosofías orientales, así como las religiones, generalmente nos llevan a un estado de interiorización, de estar con nosotros mismos, ya que diariamente nos sobra el resto, nos sobra todo lo que nos rodea.

Nosotros mismos, somos equilibrio y  nosotros mismos  somos nuestros peores enemigos.

Nosotros mismos somos quienes más nos exigimos, quienes poco a poco vamos poniéndonos metas más altas y, poco a poco, vamos midiéndonos con los demás, exigiéndonos cosas superfluas que nos rodean y que, a su vez, nos distraen de nosotros mismos.

Es en estos momentos cuando el desequilibrio, el desorden, el caos, llega a nuestras vidas; ya que perdemos la esencia de la vida misma complicándonos tanto a nosotros mismos como a quienes nos rodean.

En ese momento es cuando debemos pararnos, hacer un alto en el camino y dejar pasar las cosas, el tiempo y las prisas.

Es en ese momento cuando nuestro cuerpo nos avisa, paulatinamente, con pequeñas molestias o, simplemente nos para de golpe.


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